Inmortales

 

 

Cada lluvia

regresas a mi estómago,

y caes sobre las mariposas

que duermen en él desde que te marchaste.

Las echas a volar,

y suben destrozando mi garganta

hasta el cielo de mi boca.

Y la secan.

Como si mi cuerpo ya no tolerase la humedad.

 

En esos días,

si alguien

me pregunta por el amor,

te prometo que jamás destapo nuestro secreto,

pero pienso en ti

y aprieto los labios,

para evitar

que escapes de mí y te esfumes.

Otra vez.

 

En esos días,

se vuelven tristes todas las miradas

y salgo a la calle.

Paseo nuestros recuerdos por las esquinas viejas.

Miro aquel rincón,

donde nos escondió la catástrofe de ser vistos.

Miro la parada de metro de las despedidas disimuladas,

frías,

llenas de ganas.

Miro los fantasmas de lo que fuimos,

caminando visibles sólo para mi,

y hablan,

gritan,

repitiendo ignorantes nuestros comienzos.

Ellos,

aún se creen mortales.

Por eso la pasión en sus caras,

las carcajadas rompiendo la crueldad de lo imposible,

el desenfreno,

la prisa.

 

En esos días,

la conciencia me arrebata la paz,

hablo a solas,

te echo de menos,

me arrepiento,

y comprendo

que no importa cuánto alejes tus dedos de mi destino,

sigues erizando el vello de mi cuerpo,

robándome el perdón,

evitándome el olvido.

 

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Cuando a Dominique le arrancaron el sexo

Cuando a Dominique le arrancaron el sexo

Dominique tiene las manos negras, el pelo negro, el alma negra y las uñas blancas. En sus rizos hay arena y en sus ojos el vacío. Una expresión francesa habla de su llamada, no de la Dominique, ella no es tan importante, un día morirá y caerá en el olvido. Como su madre. Como su hermana. Como su abuela. Quizá ese día sea mañana.

El dicho se refiere a la llamada del abismo. “L´appel du vide”: La necesidad urgente de saltar desde lugares altos. Los que la conocen sienten eso cuando miran sus ojos infinitos.

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Fotografía de la película “Flor del desierto”

Ha cumplido doce años y ayer le extirparon el clítoris. Le taparon la cara, para que no viese como le cortaban los genitales. No fue suficiente: sintió como le arrancaban el sexo. Sangró mucho, pero no se acuerda. Dejó de estar consciente cuando le clavaron el cristal en la entrepierna.

Al despertar la felicitaron por ser tan fuerte, sin embargo Dominique no sabe lo que es la fuerza. Ella no hizo nada. Soñó con el desierto: saltaba, reía y jugaba con su hermano. Había una yegua, o puede que fuese caballo, eso tampoco lo sabe. Durante su desmayo la cosieron con la crin de uno y dolió tanto que se odió por volver a la realidad. Prefería ser la niña del sueño. Allí, al menos, era libre.

A muchos kilómetros del pueblo, Dominique aparece en los diarios. Después de un porcentaje y el nombre de su país, cuentan como le cortaban los labios. Es un número “entre millones”. Habrá quien tras la lectura matutina busque imágenes sobre la ablación en Internet. Habrá quien se lamente. Habrá quien cierre las páginas del periódico y se acabe la tostada y el café. Pero esta noche, antes de dormir, ella, si sigue viva, gritará de dolor mientras tú y yo, lo hacemos de placer.